Mi alma encarcelada esta, encarcelada por palabras que me ligan a un espíritu de miedos, burlesco, tormentoso y destructivo, viviendo en la más despreciable tristeza que siempre anida mi cabeza, apuñalando mi corazón, llevando a este al clímax del dolor.
La cárcel de mi alma no es más que el vituperio de ella, que se hace mayor cuando los azotes de la vida me arrastran hasta el abismo eterno robándome la calma, dejándome quebrantado en la cárcel de mi alma.
La cárcel de mi alma es abierta cuando el espíritu del hacedor del universo y el Mio se conectan, para mostrarme la sinfonía curativa de su amor, la cual tocamos juntos para observar su efecto sanador permitiéndome así a percibir su olor.
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