Las palabras de un niño son dardos de realidades y verdades, tan inmensos como los mares, con esa sinceridad que los caracteriza, en su mundo que aparentemente para unos no es tan profundo, pero lo es cuando con su tierna mirada, nos hacen una emboscada que nos deja sin cuartada.
Las palabras de un niño imparten muchas veces esperanza, la esperanza que perdemos, cuando la tiranía, la sátira o la envidia entran a formar parte de la cotidianidad de nuestros familiares y desatan eternas tempestades, que nos empujan a ser siempre inmorales e inconfundiblemente terrenales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario